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APROXIMACION A LA MINERIA Y METALURGIA CELTIBERICA A TRAVES DE LA NECRÓPOLIS CELTIBERICA DE CARRATIERMES
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Ponencia presentada al I Congreso Internacional de Paleosiderurgia (San Sebastián, 2005)
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APROXIMACION A LA MINERIA Y METALURGIA CELTIBERICA A TRAVES DE LA NECRÓPOLIS CELTIBERICA DE CARRATIERMES
APPROACH TO THE STUDY OF CELTIBERIC MINING AND METALLURGY TROUGH THE NECROPOLIS OF CARRATIERMES
Martínez Caballero, SANTIAGO *, Aldecoa Ruiz, ARTURO IGNACIO **
*Director de las excavaciones arqueológicas de Tiermes 2001-2004
Director del Proyecto LIFE TIERMES 2003-2006
Conservador del Museo de Segovia
**Colaborador de las excavaciones arqueológicas de Tiermes
Director Adjunto del Proyecto LIFE TIERMES 2003-2006
Licenciado en Ciencias Químicas y experto en medio ambiente.
RESUMEN
Los materiales arqueológicos metálicos que aparecen en las necrópolis celtibéricas son un elemento fundamental para conocer aspectos concretos de la minería y metalurgia en el interior peninsular en época prerromana, periodo para el que no existen apenas fuentes escritas y para el que muchos testimonios de autores griegos y latinos son de segunda mano e incluso varios siglos posteriores a los hechos que relatan.
La necrópolis celtibérica de Carratiermes, correspondiente al oppidum de Termes (Tiermes, Montejo de Tiermes, Soria, Castilla y León, España) es un yacimiento arqueológico de excepcional importancia para conocer la evolución del mundo celtibérico, tanto por su amplia cronología (siglos VI antes de Cristo hasta siglo I después de Cristo, desde época protoceltibérica hasta la romanización), como por la riqueza de los ajuares de sus 645 tumbas, excavadas entre 1986 y 1991, que suponen apenas un 15% del total que se calcula abarca la necrópolis.
Los espectaculares ajuares de bronces, los ajuares de armas en hierro y bronce y los útiles de hierro son algunos de los elementos singulares de este yacimiento, cuyo análisis y estudio permite aproximarnos a la tecnología de la época y aumentar nuestros conocimientos sobre la minería y la metalurgia celtibérica.
Palabras clave
Tiermes, necrópolis, celtíberos, ajuar, minería, metalurgia
ABSTRACT
The metallic archaeological materials to be found in Celtic-Iberian burial grounds are fundamental to discovering the specific aspects of mining and metal working in the interior of the peninsula during the Pre-Roman era, a period for which there are hardly any written sources, and where many of the accounts of Greek and Latin writers are second hand and were even written various centuries after the events they relate.
The Carratiermes Celtic-Iberian burial ground for the fortified hilltop village of Tiermes (Tiermes, Montejo de Tiermes, Soria, Castilla y León, Spain) is an exceptional important archaeological site in terms of discovering the evolution of the Celtic-Iberian period, both due to its extensive chronological span (from the 6th century B.C. to the 1st century A.D., from the proto Celtic-Iberian era to the Romanization), and to the wealth of the funerary offerings from its 645 tombs, excavated between 1986 and 1991, and which account for barely 15% of the total estimated to be in the burial ground.
The spectacular bronze funerary offerings, the bronze and iron weapons and the iron tools are some of this site’s unusual elements, whose analysis and study allows us to discover the technology of that time and increase our knowledge about mining and metal working in the Celtic-Iberian era.
Key words
Tiermes, celtic-iberian, burial, offerings, mining, metallurgy
1.- Las Necrópolis Celtibéricas de la Meseta Oriental
Las estructuras funerarias que se reconocen en las necrópolis celtibéricas de la Meseta Oriental son uno de los más interesantes vestigios arqueológicos existentes para conocer nuestro pasado cultural y la tecnología metalúrgica de la península ibérica en los siglos previos a la incorporación de Hispania al mundo cultural romano.
El inventario de los cementerios celtibéricos conocidos sobrepasa el número de 50; de la mayoría de ellos no disponemos de suficiente información arqueológica y científica, tanto en lo que se refiere a estudios generales, como de datos contrastados a través de los materiales y documentación.
Hoy en día, esta es una de las tareas importantes que es necesario acometer en el estudio de la antigüedad: inventario de todas y cada una de las necrópolis excavadas, dibujos de los materiales, recopilación de las noticias e información, relaciones entre ellas, etc., información que nos permita, a través de los restos de la cultura material, comprender el mundo celtibérico, sus formas de vida, sus costumbres y su tecnología, entre ellas sus técnicas de explotación minera y su metalurgia.
2.- Dispersión geográfica de las necrópolis celtibéricas
La dispersión geográfica que ofrecen las necrópolis de la Meseta Oriental, abarca un área muy concreta de las actuales provincias de Soria y Guadalajara, centrándose principalmente a ambos lados de la línea administrativa de ambas.
Puede indicarse que la mayoría de los yacimientos inventariados quedan entre las dos cuencas hidrográficas del Duero y Tajo, así como en las faldas de las estribaciones del Sistema Central; por lo tanto, el terreno que ocupan es una zona de montaña, con escasez de superficie apta para el cultivo.
Si en la provincia de Guadalajara los yacimientos quedan situados casi todos en una franja alargada que ocupa el norte de la misma, los inventariados en Soria señalan dos zonas completamente diferenciadas. Una se ubica al sur de la provincia, encontrándose en relación directa con el área anteriormente señalada en Guadalajara, ocupando el espacio que se conoce como Alto Jalón y aledaños; la segunda zona se extiende al norte del Duero.
A juzgar por los materiales que se conocen, la segunda zona ofrece, en líneas generales, una cronología más moderna que la primera; sin embargo, sus raíces hay que situarlas posiblemente en el final de la etapa Protoceltibérica e inicio de la Cultura Celtibérica.
A pesar del número importante de yacimientos inventariados, dentro de un área no muy amplia, con una sistemática y profunda prospección del terreno se incrementaría de manera substancial el número de ellos, lo que permitiría establecer unas bases de estudio y conocimiento que se aproximarían más a la realidad social, cultural y tecnológica de aquel momento.
3.- La Necrópolis de Carratiermes
A unos 900 metros al oriente del núcleo urbano de la antigua ciudad celtibérica y romana de Tiermes (Montejo de Tiermes, Soria, Comunidad Autónoma de Castilla y León, España), en una zona ligeramente elevada y en pendiente próxima al río Manzanares cruzada por el Camino Real, se ubica el cementerio celtibérico de Tiermes.
En este lugar, a consecuencia de los trabajos agrícolas en los años 1970, se destrozaron numerosas tumbas; una inspección ocular y posteriormente el inicio de sondeos arqueológicos en la primavera de 1977 confirmaron la existencia de una necrópolis celtibérica de incineración, cuya cronología general abarca desde fines del siglo VI a.C. hasta fines del I d.C.
Posteriormente, a la vista de nuevos destrozos que estaban causando los buscadores furtivos, desde 1986 a 1991 se realizaron trabajos de excavación arqueológica continuados, dando como resultado un registro de 645 tumbas, distribuidas en dos zonas diferenciadas dentro del área excavada.
Una, la más amplia, denominada Zona 1, ubicada en el centro y noreste de la superficie por la que se extiende el cementerio. Presenta una secuencia cronológica, desde fines del siglo VI a. C. has a fines del I d.C. Otra, denominada Zona 2, se sitúa a unos 200 metros al norte de la anterior, y consiste en un gran canchal de piedras calizas sin forma definida, debajo del cual se ubican las sepulturas. Su cronología se establece en los siglos III-II a.C.
En la Necrópolis de Carratiermes se diferencian tres fases de uso: protoceltibérica; celtibérica plena y celtibérica tardía, cada una de las cuales presentan peculiaridades distintas que les diferencian, pero dentro de unas formas y características generales y comunes a todo el período de existencia del cementerio, cuyos usos incluso se mantienen en esencia en su última etapa, dentro del período plenamente romano el siglo I después de Cristo.
La fase más antigua de la necrópolis se diferencia por la realización de estructuras en hoyo, cubiertas por piedras areniscas. En la etapa celtibérica plena se registra el tipo más simple, el de urna funeraria realizada a torno, con o sin tapadera, y cuyo conjunto se protege con piedras areniscas o calizas. Uno de los modelos más específicos y singulares de este momento es el que conforma las estructuras a base de lajas de piedras calizas blancas, orientadas de norte a sur, que se clavan paralelas en la tierra, y que resguarda, en su lado oriental, la urna, realizada siempre a torno. En la última fase, se registran cerámicas que corresponden a modelos de tradición indígena o de cerámica común romana; también, se han inventariado piezas de terra sigillata hispánica, denarios ibéricos, ases republicanos y ases alto imperiales.
4.- El rito de incineración
Según los textos clásicos, cuando un guerrero moría en combate su cuerpo se exponía a los buitres, con el fin de que, al ser descarnado, su espíritu fuera trasladado al cielo, con los dioses.
En general, parece que los restos de los difuntos con un cierto status personal o familiar (bien muertos en combate y posiblemente tras ser descarnados, bien muertos de enfermedad u accidente) eran cremados en un ustrinum de la necrópolis y las cenizas o parte de ellas se depositaban en una urna.
Junto a ella, se disponían los objetos que había usado en vida el difunto (u objetos relacionados con su familia); el número de los mismos dependía de la fortuna económica y del rango social que disfrutó en vida. Estas características se hallan en las necrópolis, y pueden diferenciar grado social, económico y de cronología, dependiendo de los modelos y tipos que ofrecen las piezas.
Sobre el rito de la cremación se puede añadir que, en ocasiones el ajuar se quemaba con el difunto, y en otras no; en muchos casos el ajuar se ata y se coloca junto al hoyo, junto a la urna con las cenizas y huesos. Hay ocasiones en que algunos elementos del ajuar aparecen ya amortizados y fuera de uso en la práctica. Otras veces hay elementos del ajuar que se inutilizan a propósito para su uso en la necrópolis (soliferrea, espadas y lanzas dobladas, etc.), pero no siempre.
5.- Las estelas funerarias
En relación con los conjuntos de incineración, hay que señalar el registro de grandes bloques informes de piedra arenisca sin desbastar o gruesas lajas de caliza, que se identifican como estelas funerarias. Todas se han encontrado enterradas o colocadas al margen de las parcelas, y sólo algunas se hallaban in situ. Estos objetos se conocen en buena parte de las necrópolis celtibéricas excavadas en la Meseta, aunque el número mayoritario se centra en las de las provincias de Soria y Guadalajara.
La finalidad de las estelas era la de señalar e identificar un enterramiento en la necrópolis; sin embargo, el hallarlas casi siempre caídas en el suelo, no permitía relacionarlas con un ajuar concreto, salvo excepciones. En Carratiermes se han identificado diversas estelas encima o junto al mobiliario concreto de una tumba, formando además parte de la estructura pétrea de la misma.
Se piensa que la existencia de alineaciones de estelas en las necrópolis celtibéricas, empedradas o no, parece corresponder a determinados yacimientos, no muy numerosos. También es significativo que las menciones a este respecto se circunscriben, en su mayor parte al área de la Meseta Oriental, como si se refiriera a una peculiaridad de la misma, y, dentro de ella, a ciertas necrópolis.
6.- Los ustrina
En el área excavada en Carratiermes, se han podido diferenciar con certeza diversas estructuras que pueden identificarse como ustrina, zonas de cremación del cadaver.
Tienen diferentes medidas, y su forma es oval o casi circular; la base se constituye con guijarros de tamaño medio y cortados de forma intencionada. Las piedras quedan envueltas en una potente capa de negra ceniza. Al no hallarse restos de piezas, hay que suponer que dichos ustrina se limpiaban perfectamente después de una cremación. Los excavados en Carratiermes se distribuyen por la necrópolis próximos a lugares donde se registran estructuras funerarias.
Por regla general, los ustrina, como lugar de cremación del cadáver, quedan fuera del lugar de enterramiento; no obstante, se conocen casos en dónde aquéllos se situaron sobre el lugar mismo de la incineración, como ocurre en la necrópolis de Las Madrigueras (Cuenca). También se sabe que en otros cementerios celtibéricos de incineración (los excavados por el Marqués de Cerralbo), los ustrina tenían abundantes restos de materiales, cerámicos y metálicos.
7.- Estructuras funerarias detectadas en Carratiermes
Se distinguen los siguientes tipos de enterramientos, siempre teniendo en cuenta los datos que se conocen en el momento presente:
• Estelas con tumba o tumbas asociadas (casos similares en la necrópolis de Aguilar de Anguita).
• Tumbas colectivas, degeneradas de túmulos, y constituidas por lajas de piedra, debajo de las cuales se encuentran las estructuras de los enterramientos y el ajuar de cada uno de ellos (casos similares en las necrópolis de Alcuneza, Chera y La Yunta).
• Hoyos realizados en la matriz arenosa del área en la que se establece la necrópolis (casos similares en Almaluez).
• Rebajes en el conglomerado natural del terreno de la necrópolis.
• También, existen otros casos en los que el ajuar se deposita directamente en el suelo natural de la necrópolis, quedando próxima la urna conteniendo los restos de la cremación.
• Urna. Suele ser la forma de enterramiento más frecuente en las necrópolis celtibéricas. Se deposita en la tierra, y queda rodeada de piedras a modo de elemento protector, constituyendo la estructura funeraria. La boca de la vasija suele taparse con una fina laja de piedra. En el interior de la urna se recogen los restos de la incineración y el ajuar metálico, aunque, en buen número de casos, sólo se depositaron los restos óseos.
8.- Fases culturales que pueden diferenciarse en Carratiermes
El único camino para conocer el mundo cultual prerromano pasa por revisar todos y cada uno de los elementos del ajuar hallados en los enterramientos –principalmente cerámica y metales-; conocer sus condicionantes tecnológicos y materiales y estudiar el ritual que aparece en las necrópolis, ritual que nos es escasamente conocido, aunque existen unas generalidades que pueden admitirse y sobre ellas se registran algunas variaciones de carácter local.
Al comprobar el inventario de los ajuares metálicos de las tumbas en las necrópolis excavadas, cabe pensar en una sociedad altamente estratificada y jerarquizada. Junto a su carácter funcional como armas y/o como objetos utilitarios, poseen los elementos metálicos del ajuar el claro carácter de objetos de prestigio, esto es, destinados a resaltar el estatus social de su poseedor (o el de su familia).
Su aparición en las necrópolis indica el surgimiento de una determinada organización económica y social aparentemente jerarquizada y de carácter guerrero dominante.
La distinción de diversas etapas en el desarrollo de la Cultura Celtibérica es uno de los problemas que con más necesidad hay que acometer, delimitando los períodos que pueden observarse. Si existe una etapa en la que la cultura material de la misma se encuentra plenamente desarrollada e identificada -primera mitad del siglo IV a fines del II a.C.-, es también propio distinguir y conocer su fase de formación y rastrear las bases y caminos empleados para llegar a la cristalización de la misma.
Debemos entender la presencia de una población asentada anteriormente, ya formada en el Bronce Final (hay que tener en cuenta los diferentes yacimientos que desde el Bronce Inicial se registran en toda la zona), y que con la llegada de las nuevas corrientes comienzan a crear una cultura que, a partir del siglo IV a.C., cristalizará en lo que hoy denominamos cultura celtibérica.
Entorno al 400 a.C. es la fecha en la que se inicia la Segunda Edad del Hierro y con ella el acoplamiento cultural, material y espiritual que dará lugar a la plena formación de dicha Cultura.
Su fase previa de formación desde el siglo VI a.C. es la que denominamos como Fase Protoceltibérica. El ambiente que se refleja en al fase inicial de las necrópolis constituye un fenómeno cultural bastante unitario, ambiente que será inicio de las que conocemos como características estrictamente celtibéricas. La fase de contacto y asimilación del mundo celtibérico con el mundo romano –y a su reflejo en las necrópolis- la denominamos hoy como Fase Celtibérica Tardía.
Para que la visión de todos estos problemas pueda ser integrada en un desarrollo común, con una base lógica de investigación, será necesario recopilar todos los materiales que componen estos momentos cronológicos, tratando de reflejar aquellos aspectos que inciden en su presentación y desarrollo. Entre ellos las técnicas metalúrgicas y de explotación de los recursos minerales.
9.- Tipos de ajuares inventariados
Los conjuntos de la etapa protoceltibérica se caracterizan por registrar dos tipos diferentes de ajuar metálico, sin que el mobiliario del ajuar sea consecuencia, como se pensaba hace decenios, de la actividad del cremado (armas = hombre ; adornos = mujer), sino quizás más bien de su estatus o el de su familia, sin dependencia clara de su sexo, condición o edad.
En dicho momento protoceltibérico, por un lado se define un tipo de ajuar con mobiliario principalmente de bronce, compuesto por pectoral, fíbula, broche de cinturón de tipo céltico, collar, pulseras y cuchillo de hoja curva, el único objeto fabricado en hierro en este tipo de ajuar.
Por otro lado, se definen los ajuares de armas en los que predominan los objetos realizados en hierro, y que en conjunto ofrecen un marcado carácter militar. Se compone de puntas de lanza de gran tamaño, regatones en consonancia, cuchillos de hoja curva, bocado de caballo; completa el inventarío algunos objetos en bronce, fíbulas y broches de cinturón.
Los ajuares de bronce suelen hallarse dentro de hoyos o colocados directamente en el conglomerado natural; los de hierro, se registran en pequeños rebajes o depositados directamente en el suelo. La datación se fija en el período comprendido entre fines del siglo VI o principios del V a.C. hasta comienzos o mediados del IV a.C.
En la etapa celtibérica plena (mediados del siglo IV a fines del II a. C.) los ajuares mantienen la dualidad ya señalada. Un tipo de ajuar, con armas, se caracteriza por la presencia de nuevos elementos, caso de la espada de antenas, soliferrum, piedra de afilar armas, junto a otros objetos ya conocidos: cuchillo de hoja curva, punta de lanza, regatón, doble punzón, bocado de caballo, fíbula y, en muy escasos ejemplos, broches de cinturón.
Respecto al otro tipo de ajuar, sin armas, su mobiliario cambia por completo, ya que los importantes conjuntos de bronce desaparecen, quedando el ajuar reducido a sólo algunas piezas de bronce (fíbulas) o de cerámica (fusayolas o bolas). El ajuar acompaña a la urna funeraria; en otros casos solo es aquélla el único elemento del mobiliario funerario.
Al final de la etapa celtibérica plena y comienzo de la siguiente, hay, para los conjuntos de ajuares con armas, una nueva pieza, los puñales biglobulares y posteriormente los de frontón, a partir de la segunda mitad del siglo III a.C., puñales que sustituyen a las espadas de antenas, aunque pueden convivir con las del tipo de La Téne.
En el período celtibérico tardío es más difícil de concretar una división de los mobiliarios, pues se reduce el número de piezas. Ahora los objetos metálicos, bastante escasos, se reducen a elementos de adorno. Las cerámicas responden a una evolución de modelos anteriores, y se aportan claras novedades, como es el ejemplo, aunque escaso, de vasijas de terra sigillata hispánica o de tipo Alto Duero
10.- Estudios metalográficos de muestras de Carratiermes
El Centro Tecnológico INASMET ha realizado en 1992 un primer estudio metalográfico de 9 muestras, 5 de hierro y 4 de bronce, procedentes de la necrópolis de Carratiermes.
Sus conclusiones respecto a las muestras de hierro son:
a) la elaboración del acero corresponde a métodos anteriores a la época moderna (siglo XVI) ya que aparecen alargadas inclusiones o escorias en el interior de las piezas estudiadas, lo que indica que el material obtenido en el horno ha sido trabajado por deformación al objeto de eliminar la mayor cantidad de escoria posible.
b) respecto al endurecimiento del acero, se demuestra el conocimiento que tenían los metalúrgicos celtibéricos de la utilización del enfriamiento brusco (temple) posterior al forjado, para aumentar las características de dureza.
En las aleaciones de cobre (bronces) la características fundamentales son:
a) han sido conformadas en caliente.
b) la fundición del metal corresponde a procedimientos bastante antiguos, observándose gran cantidad de impurezas mediante microanálisis por Rayos X.
Un segundo estudio de INASMET sobre otras 15 muestras, 8 de hierro y 7 de bronce, teniendo en cuenta la experiencia de los análisis previos del primer estudio, llega a más amplias conclusiones.
a) los hierros estudiados corresponden a aceros hipoeutectoides pero con un contenido de carbono muy variable, desde 0,18 a 0,49. Esto pone de manifiesto el pobre control del proceso de fabricación que tenían los siderúrgicos celtibéricos.
b) en una de las piezas aparece una contaminación por cobre, lo que indica que utilizaban los mismos hornos para fundir el hierro y las aleaciones de cobre.
c) los hierros analizados corresponden a los llamados hierros pudelados antiguos, caracterizados por la gran cantidad de escorias e inclusiones no metálicas existentes en su interior. El bajo control de su proceso de fabricación se demuestra por la gran variabilidad de tamaños de grano.
d) parece demostrado que los siderúrgicos celtibéricos conocían el proceso de endurecimiento del hierro mediante enfriamiento brusco a partir de la temperatura de forja o más baja (tratamiento térmico de temple).
e) la contradictoria dureza de algunas armas analizadas pudiera ser explicada como consecuencia de su reutilización (amortización) o baja calidad original.
f) pese al deficiente control del contenido de carbono y de la conformación que tenían los siderúrgicos celtibéricos, la calidad de conjunto de sus elaboraciones es meritoria pues no es muy diferente en calidad respecto a producciones similares del siglo XIX.
Respecto a las muestras de bronce procedentes de la necrópolis, los análisis indican que:
a) se trata de aleaciones de cobre-estaño con cierta cantidad de plomo y, ocasionalmente, contaminación por azufre.
b) el proceso de conformación de las piezas ha sido una conformación por torsión y doblado de los alambres, hilos y hojas del material de bronce de partida, posiblemente conformado en caliente, seguido de recocido posterior a temperaturas por encima de 550 C.
c) la cantidad de sulfuros en algunas piezas verifica la existencia de azufre en el mineral de cobre utilizado, lo que significa que el proceso seguido no era capaz de eliminarlo.
Un tercer estudio de muestras de bronce procedentes de Carratiermes, realizado paralelamente por L.Valdés mediante 60 análisis metalográficos, demuestra que:
a) 46 muestras son bronces binarios (Cu-Sn) y 14 bronces ternarios (Cu-Sn-Pb).
b) destaca que en todas las muestras están ausentes el zinc (Zn) y el arsénico (As).
c) como en las proximidades de Carratiermes no existe ningún yacimiento de cobre de consideración, este debe provenir de zonas alejadas, áreas de mineralizaciones de Cu del Sistema Ibérico, de la Sierra de la Demanda o del Sistema Central.
d) quizás se trata de un único origen a la vista de la uniformidad en el dato de ausencia de Zn y As.
e) respecto a las estructuras metálicas de las 60 muestras de aleaciones de cobre, se comprueba que el trabajo en caliente es el procedimiento de fabricación común, apreciándose algunas homogeneizaciones posteriores.
f) No se detecta rastros de cambios de las estructuras metálicas analizadas por incineración con el cadáver en la pira funeraria, lo que indica un ritual funerario más complejo.
11.- Reflexiones sobre la minería y metalurgia en Tiermes y Celtiberia
Los estudios más recientes sobre el tema, como los de F. Burillo y A. Lorrio, demuestran que uno de los asuntos pendientes en la investigación sobre el mundo celtibérico y prerromano es el estudio de los procesos de producción minera y la propia elaboración metalúrgica, que no por ser importantes en su época y valoradas por sus contemporáneos dejan de ser poco o mal conocidas.
Se conoce la existencia de minas y el comercio de mineral, la presencia de talleres locales de elaboración, la calidad de algunas prácticas metalúrgicas y productos y la extensión y variedad de la producción de objetos en hierro y aleaciones de cobre.
Pero es necesario conocer mucho mejor las áreas mineras contemporáneas del mundo celtibérico, su producción, su valor económico, sus poblados e instalaciones mineras, las rutas de comercio del mineral o de los productos elaborados, los talleres metalúrgicos locales, sus producciones, sus productos desechados (escorias de hierro, escorias de aleaciones de cobre,...) y la cronología de cada elemento.
La experiencia de Carratiermes demuestra que una necrópolis con alto porcentaje de tumbas con ajuares metálicos y gran número de incineraciones puede, a través de sus materiales y el análisis de sus características, ser una buena guía, quizás la única accesible, para conocer
a) las técnicas y los procesos de fabricación.
b) el origen de los minerales empleados.
c) las rutas comerciales.
d) el valor económico de la metalurgia y siderurgia dentro de la cultura celtibérica.
Por ello, dentro de los objetivos del PROYECTO LIFE TIERMES 2003-2006 uno de los estudios documentales previstos sobre la comarca de Tiermes-Caracena es la exhaustiva documentación de los materiales metálicos de la necrópolis de Carratiermes, su estudio científico y metalográfico y el conocimiento de su origen, como guías para conocer mejor esta área de la meseta oriental, su cultura, su economía, sus rutas comerciales y sus recursos en la antigüedad.
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